Paris, 13 de noviembre

Anoche varios hombres asesinaron a decenas de inocentes desarmados. Como sucede tristemente en todo el mundo, más o menos seguido. Lo excepcional es que esto pasó en un país de primer mundo donde me sentía más segura que en el mío. Vivo en París y soy mexicana.

Para fortuna nuestra, ayer mi novio y yo decidimos ir a un cine a unas cuadras de casa, un establecimiento entre los bulevares de Beaumarchais y Richard Lenoir, muy cerca del Bataclan y también a unos pasos de las antiguas oficinas de Charlie Hebdo. Y digo suerte, porque por lo general salimos a cenar o a algún bar del barrio, ya sea por Bastilla o a lo largo del canal Saint Martin o République. Eso es lo que hacen los jóvenes y los que no lo son tanto en las noches de fin de semana en París, igualito que en muchas ciudades del mundo. El 11 ème arrondissement (onceavo distrito, equivalente a una delegación) es uno de los más animados de la ciudad. Es el primer lugar que conocí en París cuando llegué hace más de cuatro años, donde está la que era mi escuela y donde trabajo y vivo desde hace más de dos. Una zona clasemediera y bohemia, muy juvenil y menos apretada que los barrios fufurufos del suroeste de la ciudad. A diferencia de los tiroteos de enero, dirigidos a una editorial contestataria y una tienda de alimentos para judíos, esta vez las víctimas no tienen una filiación política o religiosa unánime: eran jóvenes que, como se dice en francés, estaban disfrutando lajoie de vivre (alegría de vivir). Quienes sean las mentes criminales que planearon estos atentados, hicieron una declaración de odio a la juventud, la libertad y la vida feliz. Desde la primera vez que vine a esta ciudad me maravilló ese rasgo de Francia, tenía la impresión de que todo mundo en París estaba feliz… aclaro que dicha felicidad no tiene que ver con sonrisas y buen humor (¡oh, no!), mas bien es lo que reflejan por su manera de comer, beber y divertirse, porque muchos tienen un nivel de vida, educación y seguridad que otros sólo sueñan en donde nací.

No teníamos ni veinte minutos en la sala cuando los mensajes empezaron a llegar a mi celular. Nuestros amigos saben que vivimos por la zona, se preocuparon por nosotros y comenzaron a preguntar si estábamos bien. Fui recibiendo actualizaciones de lo que pasaba afuera por sms, no había señal de internet. Cuando me di cuenta de la gravedad y decidí avisar yo misma a mi familia, salí de la sala y había dos personas con crisis nerviosa, otros hablando por teléfono y los empleados del cine brillando por su ausencia. Subí las escaleras temerosa hasta encontrarlos y no me dejaron salir “Hay tiroteos cerca, por favor no se asomen a la puerta”. Regresé a la sala y en medio de la confusión colectiva hubo un insensible que decía a gritos que eso seguía siendo un cine y mejor nos calláramos. Mucha gente se fue. Una amiga me contaba de nuevos tiroteos más cerca de donde estábamos. Nos dio miedo salir y correr por Richard Lenoir hasta nuestra casa, no había ni rastro de policías dentro o fuera del cine (y ahora que lo pienso con calma ¿porque putas no había gendarmes en el cine más cercano a los lugares de los atentados, otro lugar con mucha gente cautiva?). Salimos temerosos y caminamos apresurados para luego apretar el paso a la par que el sonido de las sirenas de ambulancias y patrullas nos rodeaba. Todos los bares y restaurantes que otrora están llenos y en plena fiesta, tenían las cortinas abajo y adentro los clientes mostraban caras atónitas y tenían los celulares en oreja o mano.

Los asesinatos de anoche (o la violencia que azota a mi propio país), me alteran mucho más que algo que pasa en otras partes del mundo, porque esto sucede más cerca, en lugares que quiero o donde vive la gente que amo, porque pude o pudieron ser una de las víctimas. Porque son el tipo de cosas que te hacen relativizar la vida pues te das cuenta lo fácil que puede ser que un día ya no estés.

Pero ¿y el resto del mundo?

La otra desgracia que acompaña hechos como este es que sean mediatizados a tal grado que generen una cólera y estupor desproporcionales a otros de igual magnitud pero que suceden en otras latitudes. Cuando leo teorías de conspiración intento ser escéptica pero si un evento tiene más repercusiones que otro de naturaleza similar, hay que buscar los porqués. Quiero pensar punto y aparte de los medios, que una ciudad como París despierta una especia de hermandad cultural que resulta cercana para cualquiera en occidente. Pero dudo que esta sea una explicación satisfactoria. Estos actos de barbarie deben ser condenados siempre, con el mismo interés y conmoción.

¿Cuales son las motivaciones de un grupo que mata inocentes? La raíz de todo eso es el odio. Quiero decirle a la gente que deje de hablar de religión porque nunca ha sido la verdadera razón, detrás hay intereses económicos, ideológicos y estratégicos que utilizan la fe como un pretexto, porque es un motivo lo suficientemente pasional para despertar los arrebatos radicales. Odiar la vida es anteponer todo eso a la existencia de otro humano. Poder, dinero o estatus tienen más valor que yo, que tú, que cualquiera. Eso es el odio.

Leo con temor que hablan de guerra. Para que haya una guerra se necesitan dos contendientes y no pienso ni quiero que el pueblo donde más he aprendido de tolerancia e igualdad vaya a ponerse a la altura de asesinos sin alma (hablo del pueblo, más no del gobierno), a hacerle segunda aEstados Unidos y su plan mesiánico de salvar países sólo cuando hay petróleo de por medio.

Vivir en esta ciudad y con esta sociedad me ha mostrado otras formas de ver y reaccionar a las crisis, no sé si son mejores sólo son distintas. Por ejemplo, ellos parecen imbatibles en medio de las dificultades y permanecen unidos. Repiten todo el tiempo que saldrán adelante y que son fuertes. Se lamentan al mismo tiempo que permanecen firmes. Estos franceses que por rasgos característicos tienen la queja y el derrotismo, en situaciones graves son increíblemente solidarios y ecuánimes, casi optimistas. Al menos públicamente, son pocos los que hablan de venganza, se escuchan muchas más voces de conciliación que de rencor. Por todos lados dicen que París resistirá, même pas peur (aún sin miedo), el mismo Hollande dijo en su mensaje “La France est forte et même si elle peut être blessée elle se lève” (Francia es fuerte e incluso si es herida se levanta). Me hacen pensar que aquello que verbalizas se convierte en tu realidad. “Tous ensemble, la France forte”. Todos juntos, Francia fuerte. Fortaleza y unidad.

Al odio se debe responder con paz y tolerancia. Que París sea siempre la ciudad que eleva la vida, la alegría. Lo opuesto al odio, la ciudad del amor… a la vida.