QUE DIEZ AÑOS NO ES NADA

¿Dónde estaba hace una década? 

Creo que en un lugar que no me gustaba. Y no me refiero a la casa de mis padres, el hogar que extraño aún. Sí, pertenezco a ese enorme sector de mexicanos que no dejaron el nido familiar hasta pasados los veinticinco años, pero al menos no llegué hasta los treinta.  

Llevaba unos meses en un trabajo que no me agradaba en lo absoluto pero que tomé mientras encontraba otra cosa (creí hallarla meses después, pero con el tiempo tampoco resultó lo que esperaba). Tenía veintipocos años, toda la vida por delante. El futuro parecía tan lejano que en ese momento no te das cuenta de cuánto lo desperdicias. Un lustro de mi vida no hice nada constructivo. N-A-D-A. El único curso que tomé fue para aprender a manejar y una vez terminado no volví a tocar un volante. En parte no me arrepiento, hubiera llevado un auto más a atascar las calles de mi amado D.F.

Aunque sería injusto que diga que en esos años no hice nada que valiera la pena, porque los viejos veintes son un poco para eso. Hubo una cosa que agradezco haber hecho y sin la cual mi vida hoy sería muy diferente: abrí un blog. No puedo decir que gracias a eso encontré trabajo o que me trajo freelances, amores o popularidad. Conseguí algo mejor, conocí a grandes amigos. Una cosa llevó a la otra y en 2008 abrí una cuenta en twitter aunque no fue hasta 2009 que empecé a utilizarlo. Adivine usted qué me motivó:

Adivinaron, mi primer tuit fue sobre la pinche influenza.

Me hice esa pregunta hoy, porque twitter cumple diez años y aunque en dicha plataforma he hecho tamaños corajes, admito que es una gran herramienta. Pude estar al tanto de muchísimas cosas que suceden en México, al grado que siento menos la distancia. La jamaiconez (bueno, bueno la homesickness... Dato curioso: en español no existe término alguno para hablar de la nostalgia del terruño) me sería insoportable de no existir las redes sociales, o skype, viber y whats app.

ACTUALIZACIÓN: Dice mi amigo Enrique que sí existe un término: morruña. Según el diccionario es de origen gallego y supongo que sólo allá la usan. Yo digo que se oye feo. 

Tener un blog me llevó a conocer gente, tener twitter me ayudó a conocerlos desde otra perspectiva. Para bien o para mal. No es lo mismo leer un texto que puede ser corregido, analizado, en el que el autor ha tenido tiempo de reflexionar lo que quiere decir, de calmarse un poco si el post a redactar es motivado por la ira o tristeza. Aún no hay un botón de "edit twit". En twitter, la mayoría de la gente somos, o éramos, bastante viscerales. Cuando hay un tema polémico no faltan los insultos y comentarios pasados de tono y no me refiero al ciber-acoso o cuentas tipo bot, sino a palabras y juicios severos de gente que no nos conoce realmente. Tuitear te da una respuesta más automática y retroactiva que otras plataformas pero la cotidianidad te hace caer más fácilmente en la falacia de creer conocer a alguien por seguirlo en una red social, o que unos cuantos tuits, cualquiera que sea su índole, representan puntualmente el temperamento o inteligencia de un ser humano. No toda la gente es la fiel imagen de lo que escupe en twitter y si no conoces al individuo en cuestión personalmente, ves sólo un espectro de su personalidad. Hice amigos que no conocía en el mundo real y hubo otros que sí pero dejé de seguir. En muchas ocasiones no era por falta de agrado, más bien de sintonía. Nuestros rants no conectaron, es todo. 

Por lo general, la palabra 'amistad' no se lleva con 'poder' si hay 'dinero' de por medio.

Por lo general, la palabra 'amistad' no se lleva con 'poder' si hay 'dinero' de por medio.

Hace dos años casi, David me regaló el libro-novela "Hatching twitter". Sin sorpresas, Nick Bilton narra una tipo ficción que no dudo tiene mucho de cierto, en la que Jack Dorsey hace el mismo papel de Mark Zukerberg en The Network, o séase el amigo-ojete-roba-proyectos (Lo que más les reprocho es que tardaran tanto en desarrollar la función de mute sin dar unfollow o notificar al susodicho muteado. Se hubieran salvado tantas relaciones). La parte de la historia que más me llegó es cuando cuenta cómo Noah Glass concibe los tuits como status:

‘I get it’ Noah exclaimed. This status thing could help connect people to those who weren’t there. It wasn’t just about sharing what kind of music you were listening to or where you were at the moment; it was about connecting people and making them feel less alone. It could be a technology that would erase a feeling that a entire generation felt while staring into their computer screens. An emotion that Noah and Jack and Biz and Ev had grown up feeling, finding solace in the monitor. An emotion that Noah felt night after night as his marriage and company fell apart: loneliness. It was the same sentiment that have driven Ev to feel so passionate about Blogger, sitting there in his apartment, alone with no friends, able to connect to the world through his keyboard. It was the reason Biz started blogging from his mother’s basement years ago. The same reason Jack had started a LiveJournal account in St Louis, spending hours alone in coffee shops talking to people who lurked on message boards all looking for connections. This status idea could be the antidote to all of this, a cure for feeling lonely, Noah thought.

 

Después hubo peleas, traiciones y amistades rotas (y no sólo en la novela, cof). Otra prueba de que de que no podemos tener nada bonito, de cómo una idea se puede envilecer cuando hay que monetizarla.

Nada es para siempre y hasta la belleza cansa, y twitter a veces me harta. Todos los que llegamos ahí antes del boom me van a entender; los que pudimos disfrutarlo sin estrellas ni pendejos mediáticos, sin influencers, sin twits o hashtags patrocinados, cuando tener mil followers te convertía en twitstar, sin corazones,  la época de oro de una reciente start-up. Todos nosotros seguimos ahí por lo que fue. Hoy muy manoseado por los medios y las agencias de marketing. No me siento segura de contar cada nimiedad o tontería de mi vida porque ya no se siente espontáneo, pasó la novedad y se hizo anodino. Se ha convertido un escenario donde hay que farolear y controlarse porque el publico  ya es demasiado. Es difícil ser genuino cuando cualquiera de tus compañeros de trabajo o toda la gente que tienes como amigos en Facebook te pueden leer, es decir, las personas de las que antes cofcriticabas cof quejabas en el 80% de tus tuits.

Entre las cosas positivas que había cuando me sentía libre del todo, está el platicar mis propósitos. A veces poner por escrito tus planes resulta más motivante, o no sé, al menos yo me siento más obligada a llevarlos a término. En parte gracias a que hablaba sin tapujos de guajiradas en mi timeline,  el segundo lustro de esa década fue mejor que el primero. Conocí gente que me motivó a viajar, me metí a clases de francés, me dieron ganas de estudiar, tuve compañía esas noches de trabajo extremo freelancero, twitter fungió como porrista personal aún en la distancia. Hoy me es muy útil pues sigo en contacto con mis amigos aunque ya no sea de la misma forma que en 2008 y ni qué decir de la actualidad y el día a día nacional. 

Pero ahora regreso al blog, acá me siento segura y mis ideas y opiniones tienen mejores argumentos que los que caben en unos twits, controlo mejor mis emociones. Porque entre comerciales y pautas de productos me da flojera la falta de autenticidad, cada vez tiene menos de aquello por lo que Noah Glass lo ideó. Y no soy la única que se siente así, la red social no está ganando usuarios en las últimas fechas y si no hacen algo dejará de crecer. De hecho están festejando su décimo aniversario con números preocupantes. 

También volví a bloguear porque quiero expresar lo que pienso y conectar con la gente. Aún diez años después.