EL ACOSO NUESTRO DE CADA DÍA

Anoche tenía ganas de llorar y aventar mi celular cuando leía los testimonios de otras mujeres. En twitter y otras redes sociales empezamos a contar, revelar en muchos casos, nuestro primer acoso. Tengo la suerte de ser la hija más pequeña y haber crecido muy protegida, nunca me dejaban jugar en casas de extraños, tenía a cuatro personas mayores que yo cuidándome siempre. Mi primer acoso fue a los siete años, pero no me pasó a mí. Iba con mis hermanas bajando las escaleras en el metro Tlatelolco cuando una de ellas gritó y empezó a correr. Le llamó al policía de la entrada para que agarrara a un señor. Ella no tenía ni veinte años. El tipo le había dado una nalgada. El policía lo interrogó "¿Es cierto? ¿Por qué lo hizo?" 

"-Es que tuve un mal día"

Esa fue la respuesta del sujeto quien al menos no negó su delito. Recuerdo la ira en los ojos de Fabiola "¡Y yo qué culpa tengo, animal?". Nos fuimos y el señor se quedó con el policía quien le aseguró a mi hermana que se encargaría. Ignoro que pasó después. A ella nunca supe cuando se le pasó el coraje o el miedo, no volvimos a hablar del tema. Es una de las pocas ocasiones que he visto a una mujer denunciar y actuar ante un hecho semejante. Mi hermana es muy valiente, pero no todas somos así, ni estamos obligadas a serlo. Yo quedé muy impresionada y sentía mucho miedo de que me hicieran lo mismo cuando creciera. Mi obsesión con las mochilas y bolsas grandes comenzó ese día. Siempre traigo una que pueda mover hacia mi trasero o que lo cubre. Algo que "me protege".  

A los once años empezaron a gritarme o saludarme en la calle las pocas ocasiones que salía sola, a comprar las tortillas o hacer mandados. Lo odiaba, me sentía sucia. Porque la tele me había enseñado que sólo le silbaban a mujeres vestidas provocativamente, cuyos personajes en la trama son de moral distraída, las putas del cuento, las que terminan mal. Yo en mi uniforme de educación física no creía verme así, ni quería terminar así. Tendría unos catorce años cuando unos muchachos en la esquina empezaron a hablarme y yo no les hice caso. Me siguieron hablando, aceleré el paso asustada y ya dentro de mi edificio les grité "imbéciles", azoté la puerta y subí corriendo las escaleras sintiendo una mezcla de ira y terror sonrojándome el rostro. Aún no aprendía a usar el metro o andar en camión sola pero ya había entendido como lidiar con el acoso en las callejero. 

En la preparatoria una compañera nos contó que un señor le mostró el pene en plena calle, ella empezó a correr en la dirección contraria y el tipo le gritó "qué le haces, de grande te va a gustar". Lo contó indignada pero riéndose. "Guácala", "fuchi", "qué oso", "qué señor tan cochino", dijimos las demás, reímos, hablamos de otra cosa. Como lo conté anoche, mi primer acoso serio fue a los dieciséis años, se me hizo tarde para la iglesia, iba a una pastorela. Llevaba puesto mi disfraz de ángel (no debería ser necesario que explique cómo iba vestida ni la hora, pero lo hago por si a algún tarado se le ocurre decir que me lo busqué). Tomé un taxi afuera de mi casa, no era un trayecto largo. El chofer me preguntó a donde iba "tan bonita". Le conté pero mientras lo hacía noté que se rascaba los genitales, eso pensé unos segundos. Me incomodó por obvias razones pero no porque supiera qué hacía, nunca había visto a un hombre masturbarse. Me miraba por el retrovisor de forma rara. Un adulto de más de treinta años, calculo. No tardé en entender qué algo incorrecto pasaba. Empezó a bajarse la bragueta y yo hice que no me daba cuenta de nada porque si le decía algo se podía molestar, continúe dándole las indicaciones para llegar a la iglesia. Pensé que daría vuelta, que se iría por un callejón y me haría algo. Fue la primera vez en mi vida que experimenté ese tipo de miedo, de verdadero temor por mi vida. Cuando tuve con detenerse gracias a un semáforo, le dije "aquí me bajo" aventé los diez pesos que marcaba el taxímetro y me bajé corriendo del auto. Mientras él tenía casi todo el miembro de fuera. Sólo le conté a dos amigos al llegar. Me abrazaron y luego del típico "qué pena, pero menos mal que no pasó a mayores", seguimos a otra cosa. Éramos adolescentes y ya pensábamos que esos eran hechos aislados de loquitos depravados, un asunto que tienes la mala suerte que te toque y ya, es inevitable. Lo que el hashtag y la marcha de hoy manifiestan es que no lo son y están lejos de serlo. Nos ha pasado a casi todas y a edades tan tempranas que además de un problema de género da lugar a hablar también de pedofilia. Y apenas estamos tratando el acoso callejero, el caldo de cultivo de un problema aún más terrible.

Me ha dado muchísimo coraje leer cosas como "pero a los hombres también nos acosan". Quiero explicar unos puntos: El acoso a los hombres no es una regla. No es algo que les pasa desde los cinco años y sigue aumentando. No es algo con lo que tienen que vivir TODOS los días. No les corresponde aprender a lidiar con ello ni deben desarrollar técnicas para evitarlo. No es motivo de  miedo constante y tener que ser precavido cada vez que sales. A las niñas no se nos enseña cómo defendernos ni a pelear. Tampoco a cómo reaccionar. Aunque yo tuve como ejemplo a mi hermana no he sabido actuar tan rápido como ella. Me ha pasado muchas veces que alguien "accidentalmente" roza una parte de mi trasero con su antebrazo cuando pasa detrás mío. Siempre dudo. Siempre he preferido pensar que es casualidad... pero es bien curioso que SIEMPRE son hombres quienes no calculan bien su trayectoria cuando caminan junto a una mujer. Dudo y me contengo porque sé que es muy poco probable que alguien me apoye, porque podría suceder que el hombre en cuestión esté loco y armado, o que me insulte o se ofenda porque efectivamente, ja, sea un accidente. Y termino sintiéndome más mal, porque hasta cuando no grito y no denuncio es culpa mía. 

Los hombres no cargan con gas pimienta o un cutter en la bolsa, ni traen una de las llaves de su casa entre los dedos para usarla como un arma. Es rarísimo que se le pida a un hombre que se reporte si llegó bien a su destino. Los hombres no tienen que analizar qué transporte o ruta seguirán un día para decidir qué ropa ponerse. 

Las mujeres crecemos a la defensiva, constantemente alerta de miradas lascivas, de potenciales abusos. Nos pasó, nos pasa a todas independientemente de nuestro físico, conducta o forma de vestir. Es increíble, y no (pinche sociedad machista), darte cuenta hasta la adultez de que todo eso está mal y DEBE EVITARSE. Que un señor enseñándole el pito a una chavita es una aberración y no una anécdota que comentamos con asco y luego hablamos del clima. No está bien. No debe seguir pasando. Pero pienso que cuando decimos esto y clamamos un ¡YA BASTA! estamos gritándole al aire. ¿Y la gente que estaba en la calle cuando sucedieron esos abusos y acosos? ¿Por qué nadie le dice nada a unos muchachos molestando a una niña? ¿Nadie se da cuenta de que un hombre se saca el pene en el transporte público, en la calle? nadie ve nada, nadie dice nada. Está bien que las mujeres no nos quedemos calladas y creo que hay mucha valentía y trascendencia en lo que está pasando en México en estos momentos. Sin embargo no es responsabilidad femenina únicamente (o de la víctima). Denunciar es sólo el primer paso en la lista de acciones para evitar que esto siga sucediendo. Es una tarea de la sociedad entera. Otras mujeres debemos ayudarnos si vemos un acoso, si alguien grita porque la acaban de molestar. Otros hombres deben intervenir y no sólo porque podrían ser sus hijas o hermanas, sino porque están atacando a un ser vulnerable. Sobre todo ellos: Que los abusadores se den cuenta que el acoso no es patrón del comportamiento masculino. Más adelante hay ejemplos gráficos interesantes sobre esto. 

En Francia las mujeres sufrimos también de acoso callejero (del que yo creo en pocos países se salvan). Hace dos años fue tema de una amplia discusión y se han tomado medidas para eliminarlo, pero aún sigue pasando. Como en México y la condenable experiencia de Andrea Noel, una de las gotas que derramó el vaso fue la agresión en el metro a una periodista. Jack Parker iba de regreso a casa después del trabajo cuando un tipo le metió la mano abajo de la falda. También a ella le echaron la culpa por vestirse así "se lo buscó".  La chica alcanzó a agarrar a su agresor por el pelo, gritó, le dio de manotazos, pero con todo el tipo logró escaparse.

Ce qui m’attriste, c’est que c’est pas la première fois que je vis un truc pareil, et que ce ne sera sûrement pas la dernière. Dans mon entourage, j’entends chaque semaine une nouvelle histoire semblable. La semaine dernière j’avais déjà fait fuir un exhibitionniste dans le métro, un vieux chien galeux qui s’amusait à foutre son érection (sous pantalon moulant) sous le nez des jeunes filles qui voyageaient seules.

Lo que me entristece es que no es la primera vez y seguramente no será la última. A mi alrededor escucho cada semana una nueva historia parecida. Tan sólo la semana pasada había logrado correr del metro a un viejito exhibicionista que se divertía mostrando su erección (bajo de un pantalón pegado) en la cara de las jovencitas que viajaban solas.
— Jack Parker

Después de su testimonio siguieron otros, mayoritariamente de blogueras y mujeres en medios de comunicación. Uno de los mejores está en el blog de la ilustradora Deglee. Fue gracias a esos artículos que pensé, wow, esto es grave aquí también y efectivamente NO ES ALGO NORMAL. En este post hace el recuento de tres agresiones y acosos en el transporte y la calle. Las viñetas dicen cosas así:

"Las mujeres crecen y construyen su personalidad creyendo que la calle es un lugar exclusivamente masculino y además peligroso."

"Justificar una agresión o violación en función de la vestimenta de la víctima es  como decir que los hombres son animales incontrolables. Hombres: eso no los ¿insulta un poco?... si yo fuera uno de ustedes, me sentiría ofendido."

 "Al abordar el tema del acoso callejero empezamos a darnos cuenta que muchos hombres NO TIENEN NI IDEA".

"Que la gente crea que mi falda es demasiado corta, 'sexy' o provocadora, lo tolero, cada quien es libre de opinar lo que quiera. Tocarme la entrepierna y arrinconarme contra la pared: NO".

La calle es pública, ¿mi cuerpo? ¡NO!

La calle es pública, ¿mi cuerpo? ¡NO!

 

Entre las acciones que recomienda, están los consejos de otro ilustrador, Thomas Mathieu, el autor del blog crocodiles project. Un tumblr dedicado a denunciar de forma anónima y por medio de ilustraciones, los acosos y agresiones que varias víctimas le mandan. Deglee celebró mucho el hecho de que por fin, UN HOMBRE, se sintiera consternado y actuara, que pensara que el asunto le incumbe y no sólo es algo de mujeres. A mí me entristece que en México también sean tan pocos. 

En el primer post del blog explica a los hombres qué es el acoso (debería ser obvio pero no lo es)

En el segundo recolecta varios tips para que alguien acosado sepa cómo reaccionar según la situación. 

Las fuentes para este utilísimo post son: http://www.ihollaback.org/resources/ http://www.stopstreetharassment.org/strategies/assertive-responses/ http://www.editions-zones.fr/spip.php?page=lyberplayer&id_article=60 -----> échenle un ojo, chicas. Hay muchas tácticas que pueden ser útiles. 

Las fuentes para este utilísimo post son: http://www.ihollaback.org/resources/

http://www.stopstreetharassment.org/strategies/assertive-responses/

http://www.editions-zones.fr/spip.php?page=lyberplayer&id_article=60 -----> échenle un ojo, chicas. Hay muchas tácticas que pueden ser útiles. 

En el tercero toca un tema importantísimo: los testigos. O sea, en muuuuchos casos, todos nosotros. 

"Thanks, if you had worked together, I wouldn't have been able to keep harassing", EN SERIO, aprendamos también a cómo intervenir y defender a alguien que está siendo molestado en la vía pública. Hay muchos consejos en este post de cómo hacerlo de forma segura para nosotros y la víctima. 

"Thanks, if you had worked together, I wouldn't have been able to keep harassing", EN SERIO, aprendamos también a cómo intervenir y defender a alguien que está siendo molestado en la vía pública. Hay muchos consejos en este post de cómo hacerlo de forma segura para nosotros y la víctima. 

Y de esto era a lo que me refería unos párrafos arriba. No es labor únicamente femenina ni de la víctima. Un agresor puede actuar si la sociedad se lo permite. Lo que me preocupa de algunas consignas de la marcha de hoy en México es que anteponen la denuncia o solamente hablan de ello: incluso al pedirnos denunciar es apelando a echarnos la culpa si no podemos o decidimos no hacerlo. 

#MiPrimerAcoso no fue el último y en cierta forma enferma debo sentirme suertuda de que no lo fuera. Me pasa aún en Francia (luego cuento eso, snif). Pero como en otros problemas sociales, la situación en mi país es inmensamente más grave. Los feminicidios, la violencia doméstica, la explotación sexual de niñas y mujeres empiezan con una sociedad entera que se desentiende del acoso en las calles, que lo normaliza. Este #24A podría ser el comienzo para dejar de hacerlo. Ojalá.