París y México, la gran paradoja

La primera vez que viajé a Europa hice lo que todo turista tiende a hacer: comparar. Desde el precio de las cosas hasta el olor del aire. Nunca había salido de México y mis ideas respecto a Europa estaban construidas por películas, novelas, canciones o relatos de terceros. No es extraño que me llevara bastantes sorpresas. Por ejemplo, pensaba que no había pobres, o que si existían eran muy pocos, que eran cosa del pasado o que ser pobre en Europa significaba tener un auto de lujo modelo antiguo. Ingenuamente creía también que no existía el racismo, que los homosexuales podían pasearse, agarrarse a besos y casarse sin que eso importunara a nadie. Que negros, chinos, árabes y blancos vivían una gran alegría comunal. Sobra aclarar que poco de lo anterior es verdad. 

Europa era para mí una especie de "el dorado", una suerte de paraíso donde hasta el dolor debería ser bonito. Donde el frío de invierno no es tan molesto porque tiene buena fotografía. No me di cuenta de inmediato, me tomó dos viajes y una mudanza saberlo. Durante ese primer viaje, la ciudad que más me gustó fue París, precisamente porque no la sentía tan diferente al D.F., ambas son metrópolis muy pobladas, con estrés, con vida nocturna agitada, agenda cultural intensa. España no me parecía tan familiar por el lenguaje, el acento me aclaraba reiteradamente que ese no es el español de mi país, por eso un lugar con otro idioma me dejaba encontrar más similitudes.

Resido desde hace casi cuatro años en la capital francesa y la paradoja más grande que encuentro entre esta ciudad y el DF, no son las calles, ni la comida, ni siquiera el idioma. 

La contradicción más grande entre México y Francia reside en sus propios habitantes y su manera de comportarse en lo individual y como ente. Casi todo lo que dicen sobre la frialdad y egoísmo europeos es cierto, pero los franceses dejan de serlo en medio de las crisis. Francia fue el país que soportó una invasión alemana y donde se formaron muchos grupos de rebeldes. El desembarco de Normandía no habría sido exitoso sin ese factor llamado résistance abriendo el camino. Sin embargo los franceses son poco fraternales en lo individual. Si necesitas ayuda, si tropiezas, si requieres información de algo... no conseguirás nada si no se los preguntas/pides de forma concreta "¿Cómo estás? Espero que estés bien, no quiero quitarte tiempo..." "espero no causarte una molestia" son ejemplos de frases que nunca utilizas con un francés, hay que ir al grano porque sino se hacen bien güeyes porque no saben leer entre líneas los problemas ajenos. Y aún así no siempre están dispuestos a contestar o ayudarte. Aquí El cada quien su vida y rascarse con sus propias uñas son reglas a seguir, tienen hasta un verbo para eso se débrouiller (saber arréglaselas solo). En cambio en México la gente se anticipa, casi se desborda apenas cuentas un problema, quieren ayudarte o al menos te dan una idea. Saben que aquello que te afecta es molesto porque son empáticos y además desean poner su granito de arena, no todos pero sí la mayoría. Los mexicanos somos muy fraternales a nivel personal. Nunca imaginé que extrañaría tanto un abrazo hasta que llegué aquí. En Francia ni en Navidad se dan abrazos, salvo familiares o amigos muy - muy cercanos, lo cual no está tan mal si piensas que no estás obligado a abrazar al que te cae gordo en el trabajo, pero es triste cuando eres extranjero y estás acostumbrado a darlos y recibirlos. 

En términos de masa el comportamiento es inverso. Los mexicanos son menos solidarios en lo popular, contrariamente a la mayoría francesa para quienes el bien común importa más que el propio. Sí, se van a quejar, van a refunfuñar, pero globalmente entienden el significado de una protesta y la apoyan (¡hasta con el sindicato de trenes!). Reprimen su sentir en favor del otro. No todos pero sí la mayoría. Saben que lo que afecta a unos cuantos no importa si se busca la paz y justicia para su comunidad. Las huelgas y las manifestaciones son su especialidad, hasta he llegado a pensar que intentar esquirolearlas está mal visto. Ellos mismos las describen como su deporte nacional.  On se laisse pas faire (literalmente: no nos dejamos hacer, que se puede traducir como un simple "No nos dejamos"). 

La solidaridad individual y grupal son la característica más distinta entre ambos países. En esta diferencia es donde encuentro el origen de todas las demás. 

Este blog estará dedicado a ellas.