Post invernal

Pasó tan rápido que no me di cuenta. Me convertí en una esposa desesperada. Aclaro: utilizo el nombre de una serie vieja para llamar la atención, no necesariamente repito lo que alguna de sus protagonistas. O quien  sabe, no puse tanta atención a la serie. 

Mi esposo viaja todas las semanas desde hace cuatro meses. No es la primera vez, en su empresa es así en algunas etapas de cada proyecto. Debería estar acostumbrada pero no puedo. En mi calidad de extranjera es aún más difícil. Mis mañanas, tardes y noches son solitarias. Mis amigas se dividen en solteras, aparejadas, con vidas complicadas. No puedo verles tan seguido como quisiera. En #SoyExtranjeroLandia muchas regresamos al terruño durante un mes y no en las mismas épocas, así que cuando quisieras ver a una amiga, resulta que esta en su madre patria.  Y acá la vida de oficina (o de "godín" ¬¬ ) no se compara a la de México. Todos somos unos extraños y NO, absolutamente NO, nos hablamos una vez terminada la jornada laboral salvo raras ocasiones. Hay que agregar que ya no se está en la edad de la fiesta entre semana. 

Me siento sola, el invierno aún azota y extraño la vida de hija de familia que me arropa cada año cuando voy a México, como si los años no hubieran pasado. Ver a mis padres al despertar, desayunar con ellos, ir al tianguis, comer juntos, pelear. Acostarme junto a mamá para ver la tele, jugar dominó con mi papá. Ir por quesadillas. Darnos las buenas noches. Y a cambio de eso tengo comida congelada y silencios de veinticuatro horas. 

El problema es que ante estas circunstancias las preguntas:

¿Qué hago aquí?

¿Esto vale la pena para estar lejos?  

Se vuelven más difíciles de responder.

¿Qué hago aquí en el frío, sin sol, llegando todas las noches a una casa solitaria?